Antes de que ArgenBA tuviera un nombre, ocho comunidades vivían a orillas del mismo río. Compartían el agua, pero los caminos cerrados y las promesas rotas las mantenían separadas. Después de un invierno de escasez, sus artesanos, viajeros y escribas se reunieron al amanecer para acordar algo sencillo: abrir los caminos y responder por su palabra.
De aquel encuentro nació el Pacto del Alba. Su símbolo fue un sol de ocho rayos, uno por cada comunidad. Lo grabaron en los metales y lo imprimieron sobre la cera para recordar que ninguna riqueza dura si nadie confía en quien la entrega.
Hoy, el cobre acompaña el trabajo cotidiano; la plata viaja con los acuerdos del mercado; y el oro consagrado conserva la memoria de quienes aprendieron a darle forma. Pero entre los papeles antiguos empieza a aparecer una pregunta: ¿qué promesa se perdió en la primera firma?
El trabajo deja huella
Las marcas del metal cuentan quién lo moldeó. Eldric custodia el oficio de purificar el oro y enseña el camino del Legado Dorado.
Seguir la ruta de Eldric ↗
La palabra se conserva
Un pergamino vacío guarda una posibilidad; uno firmado, una decisión. Los escribas preservan acuerdos, recuerdos y versiones de una misma historia.
Conocer los pergaminos ↗
El valor recorre el río
Aureon conoce las rutas y las historias que llegan con cada cargamento. Para él, una moneda también cuenta de dónde viene y por qué alguien confía en ella.
Ver el oro consagrado ↗
Ocho rayos. Un pacto. Una historia que todavía se está escribiendo.